¿Alguna vez viviste un momento perfecto?

¿Alguna vez viviste un momento perfecto?
Tapa y contratapa de "Adiós Manuela, adiós"

"Adiós Manuela, adiós", la primera novela de Ariel Corbat.

Dice el editor en la contratapa:

"Ariel Corbat ha escrito esta comedia de tono subido dotándola de una audacia que va más allá del humor. En cierto punto es un libro absolutamente escandaloso. Y no porque haya elegido a la masturbación como el motor de la narración, ni por el lenguaje guarro de algunos pasajes. No. Para los tiempos que corren, lo realmente polémico es su conclusión sobre el amor. Romántico incorregible, lo que Corbat sostiene en esta novela respecto al amor va muy en contra de lo que nos vienen diciendo a diario".

El libro puede adquirirse en Librerías Distal.

Aquí podrán leerse fragmentos de las novelas de Ariel Corbat, sus cuentos, letras y escritos varios.

viernes 6 de noviembre de 2009

¡QUEREMOS TANGO!: UN ENCUENTRO CON ARMANDO ROLÓN

El pasado lunes Nora Bilous me llevó de visita a la casa de Armando Rolón, uno de esos locos que soltaron radios al aire para darle vuelo al dos por cuatro. Conocedor de la cocina de los grandes hacedores del Tango, escucharlo hablar es un placer inmenso. No sólo tiene muchas historias para contar, sabe como hacerlo. Lleva la voz con autoridad y sobrado oficio, canchereando el tono y acertando las pausas. Y frente a esta clase de académico tanguero, auténtico paladar negro, a mí me sale muy bien escuchar. Ni siquiera hay que preguntar, nada más callar y aprender. El tiempo pasa deliciosamente mientras alza la vista y en el brillo de sus ojos se adivina el andar por toda la noche de Buenos Aires, noche de la cual asegura haberse retirado.

Sus anécdotas son interminables, pero lo que más me sorprendió es su empeño en el ahora del Tango, donde ve a Rubén Juárez como "el ingeniero del Tango, aunque es un poco vago, como son vagos casi todos los tipos talentosos".

Sentí una plena identificación con el parecer de Armando Rolón, en especial respecto a la falta de difusión que padecen los que hoy hacen Tango y a la necesidad de remarcar que el Tango ha sido y siempre será presente. Sin empacho critica la programación musical de FM Tango por entender que da mucho más espacio a "los abuelos" que a "los nietos" y que algo similar ocurre en todos los medios de comunicación que abordan el Tango, como si estuvieran juntando material de museo.

Odié la hora en que me tuve que ir. En esos casos uno quiere seguir escuchando más. De aquel encuentro saqué estos garabatos:



PALADAR NEGRO

Allá, mientras yo voy trotando
por el paseo costa de Vilo,
veo al río caer la lluvia
-una cortina de bruma fina-
y el dulce viento en su silbido
a cada paso me marca un tango.
Me vuelvo recapitulando,
ordenando, palabras de Armando.
Su voz conserva esa arrogancia
paladar negro de los tangueros
con que, salvando las distancias,
siendo distintos, somos lo mismo.

La fuerte carnadura de un sentimiento
cuando Buenos Aires era soñadora,
en su elegancia irreverente y pecadora,
-por algunos pecaditos, de cuando en cuando-
tan lejos de esta tristeza de miseria,
de la violencia procaz, que muestra ahora.

Suerte que el Tango, sigue siendo
la eterna barra, brazos abiertos,
que enseña en códigos de amigos,
lo que la muerte tiene de cuento,
y al oír un bandoneón
al que se arrima se lo recibe
sin importar de dónde viene
sin preguntarle qué es lo que tiene.
En dos por cuatro manda el alma
el sentimiento que nunca engaña
y sabe Dios, y sabe el Diablo:
Infierno y Cielo se dice Tango

Ilustra Armando:
Nací en sus brazos,
murió en los míos.
Brillo de un tiempo
que fue querido
y no sabrá
jamás de olvido.
Gordo nuestro, que pinta no tenías.
Gordo nuestro, que plata no tenías.
Gordo nuestro, que tanto no tenías.
Sólo tenías…
¿A qué más? Tu bandoneón… y… Sur.



Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López

sábado 31 de octubre de 2009

"DANDY (Una fábula de Tango)", finalista del Premio Letra Sur de Novela 2009

¡!
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha. No soy escritor, ni poeta, ni dramaturgo, apenas uno que escribe. Por eso la alegría de ver a mi novela “DANDY (Una fábula de Tango)” entre los diez finalistas de la segunda edición del “Premio Internacional de Novela Letra Sur” me deja una enorme satisfacción.

Admito que en la ilusión hasta me soñé recibiendo el premio. Es curioso el modo en que se suceden los hechos, unos días antes de saberme finalista del Letra Sur, una editorial manifestó interés en evaluar “DANDY (Una fábula de Tango)” para su publicación, daba entusiasmarse con tanta posibilidad abierta de súbito, pero la vida es sueño y despertar, así como es el mar todo lo que viene también se va y, unos días antes de hacerse público el fallo del jurado, desde esa casa editora me informaron que la novela no iba con su línea editorial.

De nuevo terminé con la camiseta del CASI, casi me lo editan, casi gano el premio... ¡Y yo que me veía jugando por una vez para el SIC! Noc… Destape la botella y como siempre ahí abajo la tapita decía: “Seguí participando”. Para variar me quedé sin el pan y sin la torta. Otra vez sopa, suerte que la sopa se puede estirar con agua. Y sin embargo sonrío, no es cuestión de deprimirse para terminar en el fondo de la casa de Alem, habrá que asumirlo cual un estímulo y seguir participando.

Como del Tango venimos y al Tango vamos, ahora mismo escucho cantar a Hernán Cucuza Castiello “Tibieza”, ese tangazo de su autoría que me cae encima cual bálsamo reconfortante.

Y entonces agradezco. Agradezco a Cucuza por haber escrito ese Tango. Agradezco a Marcos Mayer y al jurado de preselección del Letra Sur por poner a “DANDY (Una fábula de Tango)” entre las finalistas. Agradezco los dedos cruzados de los amigos. Agradezco el aliento de los tangueros. Y principalmente agradezco esa pregunta que suelen hacerme: “¿Y ahora qué estás escribiendo?”

En esta segunda edición del Premio Letra Sur las novelas finalistas, preseleccionadas por Marcos Mayer, fueron: “Madagascar”, bajo el seudónimo William Wilson, “Glasgow 5/17” de Nadine, “Cerca de ninguna parte” de Rapunzel, “Como si todo fuera poco” de Nicodemo Caballero, “Las vírgenes de Perón” de Iulan Macario, “Banzai” de Xustino, “Árbol de un crimen” de D. Flores, “No había mucho que decir” de W. Gibbons, “Dandy, una fábula de tango” de Ariel Corbat y “Se ruega enviar proteas” de Soubirous.

La ganadora fue Isabel De Grazia, por “Glasgow 5/17” novela que según se adelanta trata sobre el sentido de los vínculos de hermandad. Al igual que el ganador de la primera edición del Letra Sur, Isabel de Grazia es oriunda de la Ciudad de La Plata.

Como se sabe, Bañez, un tipo con buen sentido del humor, se suicidó a comienzos del mes de Julio. Puede ocurrir que el primer ganador de certámenes literarios deje su impronta como una tendencia a seguir. Quizás el Jurado -integrado por Juan Sasturain, Claudia Piñeiro y Martín Kohan- haya encontrado puntos de contacto entre la obra de ambos premiados, acaso la inspiración surgida de las diagonales, y por ende su elección apunte a la ratificación como medio de fundar tradición. En cualquier caso, tiene el Letra Sur la brillante, aunque oscura, oportunidad de convertirse en un “premio maldito”, ello siempre y cuando la ganadora de la segunda edición asuma el compromiso literario hasta sus últimas consecuencias. Dado que el tiempo es veloz me apuro entonces en felicitar a Isabel De Grazia, antes que sea demasiado tarde...

Respecto de “DANDY (Una fábula de Tango)”, les cuento que está inspirada en el tango “Dandy” autoría de Lucio Demare, Roberto Fugazot y Agustín Irusta, aunque también reconozco otras fuentes (las películas “Los Infiltrados” y “Calles de fuego”) y si bien es una novela de acción con trasfondo musical no deja de ser, esencialmente, un manual de filosofía tanguera con ganas de terminar discutiéndose en la mesa del café.


En los próximos días estaré concentrado en tratar de conseguir editorial para Dandy, y si no se da siempre queda la posibilidad de publicarla en la red, tal como hice con "En la Línea de Marte".



Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López

martes 29 de septiembre de 2009

¡QUEREMOS TANGO!: HACER EL TANGO



¡QUEREMOS TANGO!: HACER EL TANGO


El presente del Tango es sinónimo de tracción a sangre. Esfuerzo de pequeños orfebres del dos por cuatro que diseñan, pulen, engarzan y exhiben sin grandes escaparates verdaderas joyas del corazón. Contrariando cierta fantasía de auge tanguero, los interpretes y creadores del momento actual saben que las gastadas suelas de sus zapatos difícilmente vayan a encontrar una alfombra roja que los catapulte al público masivo. De hecho, igual que los inmigrantes africanos que deambulan por las calles y ofrecen en un abrir de maletín chucherías doradas prolijamente presentadas, al Tango se lo ve por todos lados, eso sí: siempre y cuando se lo quiera ver. No tiene la fuerza arrolladora de lejanos años dorados, y eso es porque frente a la oferta, que abarca desde mamarrachos bizarros hasta la excelencia sublime, la demanda es poca y tibia, por momentos fría.

El turismo, sobre el que la falta de imaginación apunta sus cañones y al que parecen estar destinados grandes eventos con organización estatal, no es un recurso genuino para el crecimiento del género si se lo piensa como el sostén principal. Por mucho que el Tango tenga vocación de conquistar el mundo y Carancanfunfa pueda mezclar en un pernó a París con Puente Alsina, la esencia debe, necesaria e irrenunciablemente, estar entre nosotros. Ser barrio, mugre, adoquín, viveza criolla, “convencernos y así convencer” como enseña Eladia. Cuando se orienta la búsqueda para halagar a la gringada se vende el alma, se traiciona el trazo del que pinta su aldea para pintar el mundo y se mata –por la ley de las paradojas- a la gallina de los huevos de oro.

Oportunamente me manifesté contrario a que el Tango sea considerado “Patrimonio de la Humanidad”, y no es el caso de repetirme. Estas líneas que escribo ahora tienen otro destino. Las escribo como un mensaje de aliento, y también un llamado de atención, a todos los que pueden considerarse “guerreros del Tango”, segundas y terceras líneas que frente a la adversidad generan su propio espacio y lo sostienen porque entienden que la vida se empobrece si no se “hace” Tango. En esa convicción de amateur y semi profesional que busca realizarse llegando al punto de concentrar toda su actividad productiva en el Tango, percibo una fortaleza capaz de romper el cerco. Porque el Tango, de muchas maneras, está cercado. Y el primer cerco es el ego. Cada uno de nosotros, en el empeño por aportar lo nuestro, solemos olvidarnos de complementar afanes. Arrimarnos, es reconocernos en la misma senda y valorarnos doblemente. Solos, cada quien por la suya, no vamos a poder torcerle el brazo a la realidad donde los desarrollos tecnológicos que supuestamente facilitan la comunicación, bien pueden ser un arma de doble filo si fragmentan y separan lo que debe ir junto. Siendo partes del mismo colectivo, los que queremos Tango podemos sumar voluntades y ambicionar más. Ambicionar, ni más ni menos que, “hacer el Tango”.

Hacer el Tango. Esa es la cuestión. Y hacer el Tango es hoy, porque ayer ya fue y mañana será tarde. Urge entender que los grandes nos dan ejemplo con su arte, pero no lideran. No están en condiciones de abrir nuevos espacios, no tienen la voluntad de hacerlo o temen el eclipse de cualquier renovación, y acaso sea lo mejor. “No me lloren, crezcan”, ordenaba Gardel desde un graffitti de una calle cualquiera. Entonces hay que darle para adelante sin esperar de arriba ni una mano ni un favor.

Hacer el Tango es mostrarle al público tanguero que hay conciencia de algo nuevo, distinto, pero no muy distinto, que siendo fiel reflejo de este tiempo habla de nosotros, que siente lo que nosotros y que hay que salir a buscarlo como un rompecabezas de piezas que se van juntando.

Hacer el Tango, guerreros del Tango, es que en lugar de “mi público”, digamos “nuestro público”. Hacer el Tango es que en lugar de “armar mi disco” armemos “nuestro sello editorial”. Hacer el Tango es dar forma a un circuito de boliches por el que pasemos todos. Hacer el Tango son los discos de los nuestros en las mismas bateas. Hacer el Tango es darle forma y entidad al movimiento. Hacer el Tango es explotar las nuevas tecnologías. Hacer el Tango es juntar la orquesta y la voz con el baile. Hacer el Tango es darse contrapuntos. Hacer el Tango es marcar la diferencia.

Hacer el Tango es ser nosotros, bien nosotros. Como debe ser.



Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López

jueves 24 de septiembre de 2009

HONDURAS: HIPOCRESÍA QUE SUBLEVA.






El retorno de Manuel Zelaya a Honduras y su alojamiento en la Embajada del Brasil, son un claro mensaje respecto a quién ejerce el liderazgo regional en Sud y Centroamérica. Con el guiño de los Estados Unidos, que ya tiene demasiados problemas en el mundo como para seguir saliendo a ligar cachetazos, el Presidente Lula le marca la cancha al caudillo venezolano Hugo Chávez, acaso poniendo varios grados de corrección al rumbo pro-chavista que Zelaya pretendía imprimirle a Honduras. Pero está jugando con fuego. Empujar a Honduras hacia la anarquía tanteando la vía de la insurrección popular cuando es cuestión de días llegar a las elecciones, es despreciar la vida y la inteligencia de los hondureños.

¡Qué poca grandeza bajo el sombrero de Zelaya! Su ambición de poder le impide ahorrar sufrimientos al pueblo y prefiere en cambio seguir coqueteando con la intervención extranjera. Y que extraña idea de la defensa de la democracia evidencian las naciones que en lugar de allanar el camino a los comicios procuran echar leña al fuego y quemar las urnas.

Nadie piensa en los ciudadanos de a pie. En las vidas de cosas cotidianas y sueños pequeños que ya teniendo una existencia difícil se verán afectadas por padecimientos innecesarios, en lo irreparable de las muertes producidas y las que posiblemente ocurran.

El capricho de deshacer lo hecho volviendo a poner a Zelaya en el Gobierno es prácticamente inviable. ¿Qué pasaría con el Congreso? ¿Qué pasaría con el Poder Judicial? ¿Se debe remover a los otros dos poderes para restituir el mando a Zelaya? Imponerle a Honduras el retorno del presidente destituido sería agrandar la herida de la democracia hondureña. Roberto Micheletti no es exactamente una lumbrera, comete torpezas increíbles, pero no hay proscriptos en las elecciones propuestas desde que Zelaya estaba constitucionalmente inhabilitado para un nuevo mandato. Luego, seguramente, las notorias desprolijidades en la destitución de Zelaya darán lugar a procesos judiciales (cosa que ya dejó entrever el Presidente de la Corte Suprema de Honduras), porque es el transcurrir de las propias instituciones lo que renueva y fortalece la constitucionalidad de cualquier país.

Me subleva la hipocresía del continente americano, que tan dócil frente a la perpetuidad de la dictadura cubana, donde no existen las urnas ni se avizoran comicios, llena la boca de cancilleres y presidentes que hablando de democracia se horrorizan porque en pocos días vaya el pueblo de Honduras a decidir su futuro en las urnas. A una crisis transitoria la quieren extender indefinidamente, total los que sufran serán hondureños, único pueblo de América y del mundo al que los democráticos líderes de la OEA le advierten que su opinión en las urnas no será tenida en cuenta.

Desde aquí, mi modesta razón de escribir es manifestar y reclamar solidaridad para con el Pueblo y la democracia hondureña. Será sin duda un ejercicio banal desde que no se oyen voces que cuestionen en la Argentina el discurso oficial sobre la suerte de Honduras. La oposición parlamentaria no cuestiona nada, acaso porque al no tener real vocación de poder no contempla una alternativa a la orientación actual de la diplomacia.

Así, la República Argentina, sin voz propia, viene jugando un triste y opaco rol de comparsa en este conflicto. Lejos está el tiempo en que nuestra diplomacia sabía sentar doctrina y enorgullecer a la Nación con la valiente cordura de un Canciller como Luis María Drago. Obviamente sería injusto comparar al actual Canciller Jorge Taiana con un gigante de la talla de Drago, pero tan lejos estamos de aquello que me vienen a la memoria estos afilados e hirientes versos escritos para el 25 de Mayo de 1876 por el Dr. Ricardo Gutiérrez:

Para que el negro del Brasil, ufano
te muestre a su señor, como un trofeo,
Patria de San Martín y de Belgrano
hundida bajo el taco de un pigmeo”.

El pigmeo al que aludía Gutiérrez no era ni más ni menos que el Presidente Nicolás Avellaneda, al que apodaban “Chingolo” por los tacos de su calzado con los que intentaba disimular en algo la baja estatura. Que nadie se ofenda, pero si Avellaneda fue un pigmeo ante los calificados ojos de Ricardo Gutiérrez, hoy su pluma lamentaría que al borde del Bicentenario seamos, apenas y por decirlo misericordiosamente, una tierra pisoteada por liliputienses.



Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López.

lunes 21 de septiembre de 2009

ALORSA: Embajador de la República Separatista de Tolosa.

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No lo conocí. Pero eso no significa gran cosa, al fin y al cabo tampoco conocí a Gardel, ni a Julio Sosa, ni a Discépolo ni a tanta gente que igual se gana el respeto, la admiración y a veces hasta el afecto de uno. Ni siquiera lo identificaba por su nombre, para mí era simplemente "el de La Guardia Hereje". Y saltaba por ahí, en el elogio de lo que hacía, como durante alguna charla con Lucrecia Merico que ahora me viene a la memoria. Me enteré recién este fin de semana que el 31 de Agosto el cuore le dijo basta.

El tipo había nacido igual que yo un 24 de Noviembre, pero cinco años después, y extraña coincidencia también jugaba con el orgullo barrial reclamando la independencia de su Tolosa.

Podría decir que murió Jorge Marcelo Pandelucos, mejor conocido como Alorsa, pero -como todos los tangueros sabemos lo que la muerte tiene de verso-, prefiero entender que la causa tolosiana lo ha nombrado Embajador Itinerante.

"Se dejó el funyi viejo para que no vayan a creer que da vergüenza" y partió buscando el reconocimiento de las más altas esferas para la República Separatista de Tolosa.

En su honor, desde el Estado Libre Asociado de Vicente López una salva de 21 cañonazos.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López.



miércoles 16 de septiembre de 2009

ALAS FRANCESAS, CORAJE ARGENTINO.



Un amigo tomó esta foto de la escuadrilla francesa desde la zona del Aeroparque Metropolitano Jorge Newbery. Yo disfruté la colorida pasada al pie del Obelisco, el 15 de Setiembre andaba por Tribunales y decidí darle al cielo una mirada en homenaje a los Mirage de la Fuerza Aérea Argentina y los Super Etendard de la Armada que combatieron en Malvinas. También recordé los óleos pintados por Exequiel Martínez y la carta que el as francés de la Segunda Guerra Mundial Pierre Clostermann dedicó a los pilotos argentinos:

"A pesar de las condiciones atmosféricas más terribles que puedan encontrarse en el planeta, con una reserva de apenas pocos minutos de combustible en los tanques de nafta, al límite extremo de vuestros aparatos, habéis partido en medio de la tempestad en vuestros Mirage, vuestros Etendard, vuestros A-4, vuestros Pucará con escarapelas azules y blancas. A pesar de los dispositivos de defensa antiaérea y de los SAM de buques de guerra poderosos, alertados con mucha anticipación por los AWACS y los satélites norteamericanos, habéis arremetido sin vacilar".

En cosas como esas se basa el orgullo de ser argentino.

¡Honor a los combatientes, Gloria a los caídos!


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
http://www.plumaderecha.blogspot.com
Estado Libre Asociado de Vicente López


domingo 6 de septiembre de 2009

MALSONANTE CHE GUEVARA



video

martes 25 de agosto de 2009

ENSAYO AL PASO SOBRE EL ANDAR DE LAS PALABRAS

ENSAYO AL PASO SOBRE EL ANDAR DE LAS PALABRAS

ESAS COSAS QUE SE DICEN Y PORQUE SE DICEN


Canal Encuentro ofrece algunos pasajes rescatables en su programación. A pesar de lo mucho que me desagrada el desafortunado o malintencionado logo en el vértice superior del televisor (un espejo con dos rayas de cocaína), no me niego, por ejemplo, el disfrute de “Geografías”. Y en eso estaba que viendo el paisaje tranquilo de Tamberías, mientras fantaseaba con largar todo e irme a un lugar así, me surgió exclamar:

- ¡De fábula!

Con esa expresión y merced a la voz del doblaje, que acierta en darle el tono admirado y celebratorio que corresponde a ojos abiertos de par en par, Bart Simpson en su eterna niñez festeja cualquier circunstancia que logra maravillarlo.

Desde siempre la necesidad coloquial de comunicar a los otros que se está frente a un evento extraordinario agudiza el ingenio hilvanando palabras en la construcción de frases destinadas a graficar el entusiasmo. Incluso con un amplio margen de exageración, aceptado por convención, esas formas del habla llevan al entendimiento de los demás para compartir vivencias. No es tanto el hecho concreto en sí lo que reflejan, sino la impresión positiva que experimenta el narrador.

Decir “De fábula” es reconocer lo que hay de engañoso en la realidad ensalzada y darle patente de licencia poética o mentirilla inocente. Sé que no dejaría el Estado Libre Asociado de Vicente López para mudarme a Tamberías, ni a ningún otro lugar por encantador que fuera, pero aún así festejé la ocurrencia.

- ¡De fábula!

Me pregunto cuánto más que un pasaje de programación del cable estará siendo descripto por esas dos palabras, porque en definitiva la aceptación masiva de una frase implica cierto consenso general sobre el contexto en que nos desenvolvemos. Es increíble, por lo sutil, la manera en que el lenguaje refleja un tiempo social y simultáneamente proyecta futuro.

De hecho, el “¡De fábula!” simpsoniano nos podría estar refiriendo un mundo globalizado con acelerados cambios tecnológicos y plagado de paradigmas huecos como el del fin de la historia.

Antes, mucho antes de Los Simpson’s, en Argentina y allá por los ‘60 el término carcelario “pincheto” aludía al drogadicto endovenoso. Por aquel entonces las drogas estaban reducidas en su consumo a una pretendida elite de clase pudiente, básicamente nenes de papá buscando emociones artificiales para sus abúlicas vidas. Los que se pinchaban recibían ese calificativo que en boca del hampa o del efectivo policial se pronunciaba despectivamente, con la carga negativa de ser sinónimo de pusilánime, débil, inservible.

Muy curiosamente, al acelerarse la violencia política en la década del ‘70 el término “pincheto” se acortó perdiendo la primera sílaba y mejorando su fonética, así logró trasponer los barrotes del pabellón penitenciario para ser receptado, con alguna mutación aparente de su significado, por la sociedad extramuros. El “Cheto” seguía siendo alguien cercano al “Pincheto” que cayó en gayola, pero era más vivo que aquel y su éxito se mostraba en un estilo de vida que provocaba ser emulado más allá de su círculo social. La música que escuchaba, la ropa que vestía, la tecnología a la que accedía, los lugares que frecuentaba y sus formas de hablar generaron una nueva categoría social: el chetaje. Frente al afán de parecer y, si se podía, pertenecer, además de estigmatizar al que fracasaba en el intento por mersa o por grasa, brotó “el pardo” como exponente antagónico. El “pardaje”, con menores recursos económicos, revistaba no obstante con códigos muy similares a los del chetaje; pero en definitiva la reivindicación del pardo se agotaba en sí misma por ser disfraz de la resignación, no sedujo al mayoritario social y cayó en el olvido sin pena ni gloria antes de llegar a generar un vocabulario reconocible.

Del léxico cheto, en cambio, el uso cotidiano receptó diversos modismos. De allí rescato dos frases hoy en desuso pero que sirven como registro de época por el implacable subtexto. Frivolizada por la copia, caricaturizada y necesariamente desvirtuada, la primera de ellas es la emblemática “tirame las agujas”, usada para preguntar la hora. Una nimiedad que a la ingenuidad alegre y divertida de la mayoría le pasaba desapercibida en su doble sentido. Otros muchos advertían el juego en las palabras sin concederle relevancia y algunos, los menos, descifraban el código advirtiendo la complicidad en la transgresión. A su través, lo cheto como derivado de pincheto suavizaba el sórdido vicio con una picaresca que sigue vigente, por caso en Andrés Calamaro cuando canta “se ve que para algo usé la cuchara”. Por lograr mayor efectividad, las apologías del consumo de drogas procuran manifestarse solapadamente, desde lo burdo hasta el blindaje críptico siempre resguardan el gancho de lo prohibido insinuando que el acceso es sólo para entendidos.

De aquellos años a hoy Argentina dejó de ser un país de tránsito para, tristemente, convertirse en el país de consumo que nos toca padecer. Con esto no quiero decir que este presente se deba a una campaña de publicistas narcos montada en torno a la frase “tirame las agujas”, simplemente -y sin olvidar que el adicto busca compartir su adicción- lo traigo aquí para señalar como desde su origen la evolución de una palabra puede ir en paralelo con los cambios sociales.

La segunda frase que tomo del chetaje, también es muy gráfica en ese sentido. Se trata de “Mató mil”, que en la cúspide de la violencia política alcanzó a convertirse en el demostrativo de admiración por excelencia. Si la izquierda y las organizaciones de derechos humanos pregonan infatigablemente que el país era entonces un matadero sangriento, esta muletilla reflejaría el beneplácito de la sociedad por esa matanza. Todo lo que era genial, súper, buenísimo, aquello capaz de procurar un deleite paróxico, merecía ser coronado con un efusivo “Mató mil”. Este concepto que en dos palabras brinda una versión elogiosa del paso de La Muerte, subsiste todavía hoy en la ambigüedad de la expresión “¡Mortal!”, que si bien puede cumplir la misma finalidad de “Mató mil”, también se aplica para calificar algo desastroso. “Mató mil”, en cambio, era una expresión específica de significado unívoco, no por casualidad su apogeo y auge coincidió con la derrota de las organizaciones armadas Montoneros y ERP. Avalando ello, recuerdo el chiste -que escuché por primera vez después de 1983- según el cual Ramón Camps era el más cheto de los jerarcas del Proceso porque “mató mil”.

En orden a trazar curiosas coincidencias, al declive de la expresión “Mató mil” se lo puede relacionar con la denuncia sistemática por parte de los organismos de derechos humanos repitiendo la existencia de 30.000 desaparecidos. Ante ese discurso trágico, y como un reflejo piadoso para evitar ahondar el dolor, “Mató mil” se fue relegando en el uso tanto por una cuestión que podríamos llamar de buen gusto, como así también para contribuir a dejar atrás el pasado dando vuelta esa página de la historia. De algún modo, a la celebración de la muerte le siguió un tiempo de duelo, y de autocrítica por parte de la sociedad. Pero el duelo no es viable como situación permanente en ninguna sociedad, y los rituales funerarios incluso ante la ausencia del cadáver tienen por finalidad el volver a la vida de quienes los realizan, que justamente lo hacen para seguir adelante.

A esa cifra de 30.000, lanzada en los últimos años del Proceso para magnificar los alcances y desbordes de la represión contra las organizaciones guerrilleras buscando sensibilizar a la opinión pública internacional, se la ha seguido machacando sobre la sociedad argentina contra toda evidencia de ser una grosera exageración. Con fervor religioso los izquierdistas hablan de “30.000 compañeros desaparecidos”, y se aferran a su repetición cual si esa mentira debiera ser aceptada por todos como una verdad revelada imposible de cuestionar. Por aquello de que es posible engañar a uno todo el tiempo y a muchos por mucho tiempo, pero no a todos todo el tiempo, también el uso de los 30.000 desaparecidos parece haber alcanzado su cúspide y estar doblando para desmoronarse cuesta abajo.

Quizá el atrevimiento de Graciela Fernández Meijide, madre de un desaparecido, al querer sincerar la cifra y por ser alguien del riñón de los derechos humanos pueda haber marcado la bisagra hacia el desuso, pero dada la dinámica del lenguaje es muy posible que esa debacle vaya acompañada de algún giro que termine por desacralizar el número emblemático mediante la sátira política. Y es que el uso abusivo de cualquier etiqueta, la insistencia recurrente a meter en cualquier lado el bocadillo que la incluya, tarde o temprano provoca hartazgo y volviéndose disparatado se ahoga en las profundas aguas del ridículo. Así, que la propia Presidente de la Nación Argentina, haya recurrido a la figura de los desaparecidos, reafirmando que deben ser 30.000, para compararlos con la exclusividad en la trasmisión de los goles del futbol por televisión es algo que llama a burla, algo que difícilmente vaya a ser dejado pasar por el llamado ingenio popular.

No sería de extrañar que al andar de las palabras siguiendo la evolución social, en el futuro, cuando se quiera hacer notar que algo es escandalosamente exagerado, se escuche decir con mordacidad paródica:

- ¡30.000 desaparecidos!


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
http://www.plumaderecha.blogspot.com/
Estado Libre Asociado de Vicente López.

miércoles 19 de agosto de 2009

EL PODER, LAS IDEAS, Y UNA VELA SOBRE LA MESA.




LA DERECHA POR LA DERECHA.
Apuntes para el debate que viene II.




EL PODER, LAS IDEAS, Y UNA VELA SOBRE LA MESA.


Sobre la faz de América, cruzando umbral al Bicentenario de la Patria, que nos escupirá en la cara un presente a contramano de los sueños ayer soñados tras la máscara de Fernando VII, la sombra, apenas la sombra de la República Argentina deambula errante, condicionados sus reflejos a seguir impulsos ajenos, sin ambición de grandeza y amnésica de su destino.

Acaso, podrá decirse, el sueño de alzar en el Plata un faro que alumbre buena parte del mundo confundió el orgullo con la arrogancia, pero los contemporáneos de Don Vicente López y Planes vencieron dos veces al invasor inglés en las calles de Buenos Ayres, se rebelaron contra España y formaron el glorioso Ejército que desafiando Los Andes cruzó las fronteras de las Provincias Unidas haciendo replicar el grito sagrado de ¡Libertad!. Para ellos el sueño era realizable, habían sentido en la cara la felicidad del viento épico y sus ojos vislumbraban el futuro con hazañoso fervor.

Aunque nacidos de gestas heróicas, la fundación de la nueva nacionalidad se enmarañó en la complejidad de nuestras contradicciones, quedando para el registro de la historia –historia de hombres, no de dioses, ni demonios- que la pasión y la razón se han cruzado infinitas veces con fortuna dispar y consecuencias retrógradas. Así ha sido Facundo Quiroga la inspiración que llevó a Domingo Faustino Sarmiento a sintetizar en una sola disyuntiva universal la esencia de toda la energía consumida en las luchas internas: Civilización o Barbarie. Lo curioso es que el Tigre de los Llanos, caudillo del federalismo, era “por convicción” unitario. Decía Quiroga que el sentimiento de los pueblos estaba en la causa del federalismo y que a esa voluntad sometía la suya.

Considerando el tiempo y la sangre del país que consumieron las guerras civiles entre federales y unitarios, con el principal resultado de postergar estérilmente la organización constitucional, la decisión del riojano, por más que según se quiera puede ser elogiada o denostada, evidencia cierta incongruencia ética que a la postre se emparienta con la hipocresía del federalismo proclamado en los papeles y los discursos pero desmentido, igual que sus supuestos beneficios, por la implacable realidad del territorio, población y recursos.

El debate sobre la forma de gobierno, unitaria o federal, aunque convertido en tabú por la corrección política de la unidad nacional, dista mucho de haber sido clausurado. Desde el vamos se acepta que la proclamada fe federal de la Constitución Nacional tiene los atenuantes impuestos tanto por el reconocimiento de luchas encarnizadas como por otras convicciones no confesadas; por eso, ya se trate de Mitre, Sarmiento, Roca, Yrigoyen, Perón, Alfonsín, Ménem o Kirchner, ningún Presidente ha tenido por premisa fáctica ahondar el federalismo. Es que la historia argentina registra el privilegio de los nombres por sobre las ideas. De haber sido consecuente con sus ideas, seguramente Facundo Quiroga no hubiese sido el caudillo mítico que montaba un caballo con poderes sobrenaturales; pero él, igual que muchos, prefirió entregarse en cuerpo y alma a la demagogia, al culto a la personalidad según el capricho hecho necesidad de las masas.

El ejercicio del poder difumina las ideas seduciendo egos. Esa es la principal corrupción del poder, y la humildad su primera víctima. No existe el líder cuya personalidad sea inmune a las caricias del poder, y es obvio que sin ambición de poder no es posible llevar ninguna idea adelante. Ese es justamente el riesgoso filo del cuchillo. En detrimento de cualquier ideario, con menor o mayor velocidad, toda conducción política tiende a concentrar sobre sí la mayor cantidad de facultades, cosa que va acentuándose en forma directamente proporcional con la persistencia en los cargos, al punto que la frase “el poder total corrompe totalmente” resulta una verdad irrefutable pero que comienza mucho antes de los actos específicamente corruptos. El gran mérito de la República, el antídoto contra la corrupción de las ideas es, además de la separación de las funciones del poder, la imposición de plazos estrictos para la permanencia de los individuos en los cargos políticos. La dinámica democrática de renovación periódica y constante en los cargos electivos del Poder Ejecutivo y Legislativo, garantizan que las ideas y los proyectos en ellas fundadas se mantengan por encima de los nombres.

Por eso, sostengo que ningún cargo electivo debe ser susceptible de prolongarse más allá de dos períodos consecutivos. Graficando a lo Sarmiento: Ningún sillón republicano puede servir para el engorde de asentaderas por causa del quietismo. La práctica democrática es enemiga de la permanencia y el estancamiento que llevan al conformismo y el desinterés. El recambio de nombres, la posible rotación entre partidos, son síntomas de salud institucional que ayudan a mantener el enfoque de la cosa pública sobre los asuntos concretos que hacen a la calidad de vida de los ciudadanos.

Aquella aguda sentencia de José Ortega y Gasset “argentinos a las cosas”, no ha perdido actualidad. Pero mientras discutamos nombres en lugar de ideas seguiremos siendo una sombra que deambula errante por la faz de América Latina, entre la envidia al Brasil, una envidia perezosa incapaz de emular su determinación de orden y progreso, y la expectativa boba por andar de comparsa para la cantinela de impulsos comunistas que desde la tiranía perpetua de Cuba se propaga -en perjuicio de la América democrática- merced al petróleo que alimenta el personalismo disfrazado de “Revolución Bolivariana” del venezolano Hugo Chávez.


En esa misma faz de América Latina, Colombia, la incomprendida Colombia jaqueada por el narco y las guerrillas, tiene frente a sí la oportunidad de mostrar al mundo un claro ejemplo de no subordinar las ideas a los nombres. El Presidente Álvaro Uribe, quien supo darle a la conducción del Estado la valentía para dejar atrás años de inmovilidad y fracaso en la lucha contra las FARC, pasando de las resignaciones de Pastrana a la más decidida ofensiva, se encuentra ahora a un paso de la gloria o el escarnio. Una decisión, nos dirá en breve si se trata de un auténtico patriota colombiano y estadista de la democracia al que vale la pena escuchar, o apenas otro ambicioso creído de ser irremplazable. Si cuestionamos a Mel Zelaya por intentar pisotear la Constitución de Honduras en el afán de reelegirse, no podemos cambiar de vara para medir a otro Presidente de la región. Desde la derecha esperamos, por el bien de Colombia y de América toda, que el Presidente Uribe no se lance a un tercer mandato. Su misión está cumplida, y lo que resta por hacer debe poder realizarlo otro patriota colombiano aportando nueva vitalidad para el mismo proyecto. El estado de cosas en la Patria Grande exige de Álvaro Uribe demostrar cabalmente que las ideas están por encima de los hombres. En el Continente Americano necesitamos su voz, la de un estadista exitoso, que desde la humildad del llano haga sentir a los enemigos de la democracia la infamia de sus nombres y denuncie sus atropellos contra la libertad.

Propio de la democracia, poner las ideas en primer plano es asegurar lo cristalino de las acciones desenredando la confusión. Si Argentina está lejos de ser aquel faro del Plata que soñaron los patriotas de Mayo, es justamente porque no hemos sabido a lo largo del tiempo poner ideas sobre la mesa. Y poner ideas sobre la mesa es tener la convicción de someterlas a examen en una discusión a fondo. Obsérvese la realidad del movimiento peronista de cara al 2011, en el partido de los pragmáticos del poder -que eso es lo que es- no se discuten ideas sino exclusivamente poder, por eso es hoy maraña de nombres amontonados al amparo del nombre fundador con una amplitud de espectro que abarca a la vez tanto el si, como el no y el tal vez de cualquier idea. Todo y nada es el significado del peronismo de Ménem a Kirchner pasando por Duhalde. Quien sea puede ponerse el rótulo de peronista, o recibirlo sin proponérselo. De allí que permanentemente estén negociando; en ocasiones tumultuosamente con cascotazos y tiros, festejando la filosofía del choque, traición y reparto con la folclórica sonrisa de Antonio Cafiero para explicar que las peleas entre peronistas inevitablemente confluirán en algún tipo de acuerdo porque son como los gatos que chillan al reproducirse.

Ser peronista es permanecer en el poder comprando discursos de ocasión; eternos intendentes y funcionarios dan prueba cabal de ello. Menemistas, que fueron luego furiosos duhaldistas, se convirtieron en rencorosos kirchneristas que hoy miden los vientos calculando el próximo salto. Esa cercanía enamoradiza del peronismo con el poder, es lo que le ha permitido fagocitarse sin empacho distintos proyectos de terceras fuerzas, Ucede, Modín, Partido Intransigente, Movimiento de Integración y Desarrollo, todos diluidos directa o indirectamente dentro del insaciable Movimiento Peronista. Hay que asumir, cual dato de la realidad, que el peronismo muy probablemente seguirá estando en el poder iniciando lo que se percibe como el post kirchnerismo. Son parte del problema y también de la solución. Son peronistas, incorregibles según Borges.

Menos apegados al poder, los radicales -con la identidad peligrosamente desdibujada- rifaron la chance de un país de alternancia bipartidista porque les falta eso que sobra entre los peronistas y que tuvieron la ingenuidad de pedirles prestado cuando se aliaron con el Frepaso o se sometieron al kirchnerismo. El poder es como las bayonetas, sirve para cualquier cosa menos para sentarse encima.

El difícil desafío del Bicentenario es poner las ideas sobre la mesa, pero por ahora sobre la mesa no hay nada más que una vieja y persistente vela de los tiempos de Vieytes, soñando, pese a todo, erguirse algún día en el faro del Plata.

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
http://www.plumaderecha.blogspot.com/
Estado Libre Asociado de Vicente López.

martes 4 de agosto de 2009

TIGRE MC LAREN: ¡ERAS VOS! - El Tango del soldado que no quiso morir sin antes ser amado.

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Veterano, de los nuestros, el tipo conoció en carne propia el significado de la palabra incomprensión. La batalla por Malvinas le resultó a la postre una vivencia mucho menos dolorosa que el regreso entre sombras, silencios y estigmas. No le costó perdonar, su corazón nació grande, pero entenderlo hasta poder digerirlo le llevó un tiempo largo. Aquellas experiencias lo hicieron más reservado aún de lo que la naturaleza social y genética tenía predestinado, así el muchacho se hizo hombre de pocas palabras, con la mirada limpia y la conducta recta. Cualquiera que no lo conociera por su nombre, se vería tentado de aventurar la respuesta del cifrado borgeano. Y sí, bien podría llamarse Jacinto Chiclana.

Pero para Tigre Mc Laren, Julián es simplemente “El Negro”. Y aunque el invierno aplique su rigor no abandonan la costumbre de llevar la sobremesa junto a los restos del fogón. Noche fresca y estrellada que se disfruta en el patio, donde lentamente se van haciendo cenizas las brasas que ardieron por el sagrado ritual del asado y la amistad. En la parrilla yace una última molleja olvidada adrede por la graciosa decisión del asador. Es que de fondo, en orden aleatorio de temas, suena “¿Trajiste la guitarra?” el disco de Lucio Arce y Los del Zaguán. Son cinco amigos alargando la sobremesa en la botella del whisky. Sentir pasando por la garganta la aspereza berreta de Los Criadores -The Breeders Choice- es tradición antes que gusto. Hay etiquetas de mayor jerarquía en la bodeguita del anfitrión, pero no es el paladar lo que buscan satisfacer sino la recordación de los padres. Alguna otra noche de asado descubrieron en la charla cargada de anécdotas que ese era el whisky que tomaban sus respectivos viejos, y por reverencia al alma pater hicieron de esa coincidencia el sello de las reuniones.

Al crepitar del último leño, el enorme dogo masca un hueso con la vista fija en las llamas. Echado en medio de los amigos, Ranquel parece percatarse del silencio de los hombres alzando la cabeza en una pausa antes de volver a ejercitar la mandíbula. Julián arremolina los hielos con el índice. Tigre Mc Laren juega con el vaso entre sus palmas, haciéndolo rodar. Ariel intenta vaciar el vaso en rápidos y sucesivos tragos, como tomando jarabe con gusto feo, modo riesgoso de beber para el abstemio en la excepción que confirma la regla. Santiago deja el vaso vacío en el piso y Carrerita, despatarrado con las manos entrelazadas a la nuca, espera que el hielo se disuelva en su boca. Desde el interior de la casa llega el murmullo y risas de las mujeres.

Entre amigos, los silencios tienen el significado de la confirmación. No es necesario decir nada para justificar el hecho de estar. Cualquier palabra sería redundante, y no es que sean ajenos al ejercicio de parlotear nada más que por decir algo. Acaso, -hermosa palabra la palabra “acaso”- desde el semicírculo alrededor del fuego se remonten al comienzo de la amistad, allá en el clan primigenio donde otros hombres habrán compartido esa misma sensación de estar entre pares, sabiendo todo lo que había que saber.

Y en medio del silencio, ya cumplido el ritual de beber el whisky de los padres, mientras Ranquel se rasca la oreja abandonando el hueso limpio, Julián, muy serio dice aquello que desata las carcajadas:

- Hoy me siento locuaz.
- Se nota, se nota, por eso no parás de hablar.
- No se rían boludos, lo digo en serio.

Pero no dice nada más y al rato vuelven a reír. Basta mirarse unos a otros para reír. Saliendo al patio la esposa de Santiago anuncia con un “¿Vamos?” que es la hora del taza taza y cada cual a su casa. Tigre, el único del grupo en soltería, antes de atravesar la puerta de salida estrecha en un abrazo al Negro y a modo de cachada afectuosa le besa la mejilla diciendo jodón:

- Chau, locuaz…

Tigre vuelve a reír, se aleja tres pasos en busca de su moto y jugando a estar borracho se da vuelta gritando:

- ¿Sabés cuánto te quiero, hermano? Pero vos no podés estar locuaz, como mucho podrás ser un secuaz.

Ranquel gana la calle cuando la moto se aleja, y a Julián no le queda más remedio que acompañarlo a regar árboles en su vuelta a la manzana. Es noche camino a la madrugada, nadie en la calle. Y aunque sus amigos se rían, y él con ellos, Julián se siente locuaz. Por eso apura sus pasos y los del perro. Al volver va directo a la cocina, cierra el grifo del agua indicándole a su mujer que deje todo para mañana, y abrazándola por la cintura le dice que hay algo que lo ronda hace tiempo, algo que siempre quiso decirle y que no sabía cómo, pero que esta noche se siente capaz de decir y hasta cantarlo con forma de Tango. Julián, el de guardarse las cosas, la mirada franca y la conducta recta, se siente locuaz.

- Eras vos, siempre fuiste vos.
- ¿Qué cosa? –dice ella entre emocionada y sorprendida.
- Eras vos –repite él, e inmediatamente canta para ella:


Sabés bien que cuando yo digo “Te amo”,
no lo digo nada más por decir.
Es lo más profundo que vive en mí,
como esas locas euforias de Abril,
la angustia de Mayo, el dolor de Junio,
la mezcla de alegría y de infortunio
me hace ser lo que soy, que es mi sentir.

Eras vos…
Allá lejos, y tan cerca,
a los jirones de mi alma
los unía una esperanza…
Y eras vos.

Porque yo, mi vida, yo te soñé,
fuiste el cielo del más dulce anhelo
en la vigilia de las armas,
cada noche iluminada
por el fuego del inglés.
Yo te soñé
y al soñarte me salvé.
Sí, te soñé
desde el frío y el cansancio,
donde el miedo, harto ya del miedo,
a la locura le sacó bravura
para sentirme fuerte y no caer.

Eras vos…
Allá lejos, y tan cerca,
a los jirones de mi alma
los unía una esperanza…
Y eras vos.

En humos de mi aliento quise ver,
una bella silueta de mujer,
una tibia razón para volver,
supe, mucho antes de saberte quién,
la cálida textura de tu piel,
la suave sombra de tu desnudez,
aquella vez, mi amuleto de la suerte,
talismán contra la muerte,
fue la idea de encontrarte, alguna vez…

Eras vos…
Allá lejos, y tan cerca,
a los jirones de mi alma
los unía una esperanza…
Y eras vos.

¡Estoy tan pleno cuando estoy con vos!
Que si no existiera el amor,
lo habría inventado…
para nosotros dos
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Y luego, claro, ahí va el beso y triunfa el amor.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
http://www.plumaderecha.blogspot.com/
Estado Libre Asociado de Vicente López.

domingo 19 de julio de 2009

LAS PARADOJAS DEL PÉNDULO



Signo del envilecimiento de los tiempos actuales, Gabriel Reches comienza su reportaje a Juan Gelman, publicado hoy en la sección Cultura del diario Clarín, expresando que "Cada vez resulta más difícil presentar en pocas líneas a este escritor que desde hace 79 años vive intensamente". Y debe ser cierto, porque en las pocas líneas con que lo presenta omite toda referencia a la responsabilidad de Gelman en los años de plomo, cuando fue miembro de la organización terrorista Montoneros.

Es curioso que para los memoriosos de un solo hemisferio Juan Gelman sea "el poeta", o que Rodolfo Walsh haya sido simplemente "el periodista", ya que con la misma displicencia podrían decir que Adolfo Hitler fue "el pintor".

Ninguna pregunta sobre a cuántos jóvenes logró captar para integrar las filas de la guerrilla, ni cuantos de ellos murieron al servicio de la "orga" que llegó a considerarlo un traidor y hasta condenarlo a muerte.

Leía las palabras de Gelman como siempre lo leo, con la sonrisa que me brota del sarcasmo por el halo de hipocresía que hiede a su alrededor. Su poética vacía, ofrecida en la mano del progre mediante el marketing del sufrimiento, deja blanco sobre negro la paradoja del péndulo cuando un rato después leo en Revista Ñ que Arnold Kremer, o Luis Mattini según el que fuera su nombre de guerra en el ERP, al recordar el enfrentamiento de Villa Martelli en que murieron el Capitán del Ejército Argentino Juan Carlos Leonetti y el Comandante del ERP Roberto Santucho, dice esta impactante frase: "Es extraño como el Ejército jamás homenajeó a quienes llevaron a cabo una de las batallas más importantes contra la guerrilla".

Como una prueba más de la forma en que se manipula y tergiversa la historia, mientras Kremer correctamente refiere esa acción bélica como tal, el periodista Horacio Bilbao habla del "asesinato de Roberto Santucho". Afirmar que Santucho fue asesinado implica calificar de asesino a Leonetti, lo que además de ser falso es una bajeza intelectual de fuste, porque ese 19 de Julio de 1976 no hubo asesinos ni asesinados, sencillamente una escaramuza de combate entre dos unidades de ejércitos en guerra.

El péndulo ha llegado a tal extremo de inequidad en cuanto a la memoria, que hasta el enemigo de ayer termina reclamando se rindan los merecidos honores a quienes los combatieron.

Estas cosas: únicamente en la República Argentina, país maravilloso que sorprendería al mismísimo Marco Polo.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López


jueves 16 de julio de 2009

HONDURAS: UNA MIRADA ARGENTINA



El Dr. Isidoro Ruiz Moreno sostiene que, frente a la Revolución Libertadora de 1955, el Presidente Juán Domingo Perón eligió huir en la cañonera paraguaya en lugar de presentar batalla porque, a su entender, básicamente era un cobarde. A contrario de esa opinión, creo que la supuesta cobardía de Perón poco o nada tuvo que ver con esa decisión. Estoy seguro que hay otro factor preponderante que tiene que ver con la visión del estadista, y desde esa óptica Perón tuvo la decencia de evitarle al país entrar en una guerra civil de las que sólo pueden arrojar un final a lo Pirro.

De tal suerte resulta un interesante ejercicio de política ficción pensar como sería nuestro presente si la República Argentina se hubiera masacrado en un abierto enfrentamiento entre peronistas y antiperonistas a lo largo de un par de años, vaciando de una vez nuestras viejas ansias de fratricidio -que a la larga se dieron con gotero- en el clásico molde de lo que fue la Guerra Civil Española.

Pienso en esto a raíz de la situación por la que hoy atraviesa Honduras, y desde las memoriosas brumas de la historia argentina alcanzo a ver, en el terrible año de 1829, año de desencuentros, cuando el General Don José de San Martín vio frustrado su regreso a la Patria por el estado de conmoción en que se encontraba el país. Unos meses antes el General Juan Galo Lavalle había fusilado al Coronel Manuel Dorrego, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires contra el que se había alzado en armas venciéndolo en el Combate de Navarro. Contra lo que pudo suponer Lavalle aquella muerte, que pesó en su conciencia hasta el final de sus días, no cerró la puerta al despotismo y las arbitrariedades sino todo lo contrario. De allí que, intentando encontrar una salida superadora enviara emisarios a Montevideo para entrevistarse con el General San Martín reclamándole que asumiera el gobierno del convulsionado país. El Libertador juzgando la realidad, es decir los hechos antes que las intenciones, consideró inviable el plan ideado por el León de Riobamba, y así se lo hizo saber en una carta fechada el 14 de Abril de 1829, en la que aconsejaba lo siguiente:

  • "Sin otro derecho que el de haber sido su compañero de armas, permítame Ud., general, que le haga una sola reflexión, a saber, que aunque los hombres en general juzgan de lo pasado según la verdadera justicia, y de lo presente según sus intereses, la situación en que Ud. se halla, una sola víctima que pueda economizar a su país, le servirá de un consuelo inalterable, sea cual fuere el resultado de la contienda en que se halla Ud. empeñado, porque esta satisfacción no depende de los demás, sino de uno mismo".
Palabras sabias de un hombre sin ambiciones personales.

Al leer que el depuesto Presidente Manuel Zelaya llamaba desde Guatemala a que sus partidarios permanezcan en las calles, fomentando el estado de insurrección contra el Gobierno de Roberto Micheletti, y que el Presidente de Ecuador Rafael Correa -a tono con las amenazas de Hugo Chávez- instaba a los militares de Honduras a la desobediencia, inmediatamente me pregunté que tanto son capaces de abarcar con sus miradas estos dos actores del conflicto.

Digo: las elecciones son en Noviembre. Y si bien sacar a Zelaya del país a punta de pistola y en pijamas es propio de alguna comedia de enredos ambientada en una republiqueta bananera, también es cierto que el Ejecutivo es sólo una de las tres funciones del Poder, y que en este caso tanto el Legislativo como el Judicial avalaron el desplazamiento del hombre con el sombrero de cowboy. Frente a la crisis institucional que vive Honduras, el bien a tutelar es la democracia cuya salvaguarda depende de que el pueblo logre ejercer su rol de soberano acudiendo a las urnas.

El camino de la insurrección suele empujar gente al atajo de la violencia, y cualquier escenario de caos amenaza la salida racional de la crisis que es a través de las elecciones. Pero Zelaya no es Perón, ni Chávez es San Martín. Si Zelaya pudiera ver más allá de sus narices no entorpecería el camino a las urnas, donde tiene la chance de lograr (acaso eligiendo su Cámpora) el respaldo del pueblo y la continuidad de su proyecto. Sería positivo para Honduras que el depuesto Presidente, en lugar de exigir su restitución a los miembros de la OEA, reclamara lo factible, esto es la presencia de veedores internacionales para garantizar la limpieza del comicio.

Esa es la salida más rápida, limpia y que menos dolor le signficará al sufrido pueblo hondureño. Espero que tanto Micheletti como Zelaya y los demás involucrados en esta encrucijada entiendan aquel gesto de Perón y aquellas palabras de San Martín.



Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López


domingo 12 de julio de 2009

TIGRE MC LAREN: UNA SIMPLE HISTORIA DE AMOR.



Hay un momento de profunda perplejidad en la vida del escultor. Es aquel instante en que, a punto de culminar su obra, comprende que con el último golpe de cincel se irá de sus manos para siempre. El artista no sabe de encargos, se involucra dejando parte del espíritu en la búsqueda de la perfección. Tigre Mc Laren, arrinconado en la soledad trasnochada de su atelier, entiende que resta ese toque detallista y fatal sobre el mármol; entonces aquella historia de amor, en la que sólo ha sido tercero tardío, lo dejará extrañamente herido.

Cantando vivencias, la voz de Nora Bilous le miente en “Dejo” que es posible cerrar heridas de lo que alguna vez soñó en los brazos del amor que no supo cuidar. La escucha entre el dolor y el deleite, sintiendo que le llena el paladar con la suave aspereza de un té de jazmín. Es suya esa manía de asociar las buenas voces con texturas de infusiones. Por eso el hervor del agua, el saquito y la taza antes de colgar la vista a través de la ventana en la infinitud del cosmos, tan jodidamente parecida a ese vacío en su interior.

Apenas menos que incipiente el resplandor del alba sobre la línea del horizonte delata que la marcha del tiempo no se ha detenido porque la mano niegue su trabajo al martillo y el cincel. Quisiera Tigre que la noche resistiera más. Tozudamente inmóvil, a punto de soltar una pesada lágrima, sus ojos parecen pedir consejo a las estrellas. Pero al irse apagando en suave tintinear es como si le esquivaran la mirada, sabiamente resignadas ante lo inevitable, saben desde siempre que el destino es el que manda y que las cosas son así. Acaso, como deben ser.

El rostro emergió del mármol con inaudita fuerza vital y frescura de eterna juventud. Por la potencia contagiosa del amor, Tigre, que nunca la conoció, fue entendiendo la luz en los ojos del hombre cuando al hacer el encargo y mostrarle las fotos le habló de la sonrisa enorme, los cabellos ondulados nunca ordenados, la piel blanca, los ojos volcánicos aunque pacificadores, la imperceptible irregularidad en el hueso de la nariz –que sólo ella notaba e insistía en evidenciar ante su amado haciéndole pasar el dedo por allí-, y el todo de sus facciones enmarcado en el óvalo delicado, acorde con la elegancia de los modos. Dueña del garbo y ese pelo, recurrentemente el pelo rozando los labios, cayendo sobre las pestañas, obligando a sus manos a pasar miles de veces por la frente y las mejillas en lucha de efímeras victorias e incontables fracasos por arrimarlos al orden.

El hombre reía con envidiable felicidad al mostrarle una vieja cinta sin sonido en la que ella, caminando por la ventosa rambla de Mar del Plata, parecía a punto de desesperar con los caprichos de la cabellera. Al final, con gesto de fastidio y resignación, ensayaba un puchero comprador dejando la cabellera a merced del viento. Tigre también rió.

- Su pelo era de seda, muy fino pero fuerte, -explicó el hombre- imposible de peinar, lo tenía tan suave que por más que se pusiera un lazo se liberaba y le caía sobre la cara. A mí me encantaba que las puntas le tocaran los labios.

Casi 60 años de feliz matrimonio.

- Nos casamos muy jóvenes y con la oposición de nuestras respectivas familias. Así visto deber ser una de las pocas locuras que hice en mi vida. Bah, una locura en el juicio de los demás. Yo nunca tuve ninguna duda. El amor no tiene dudas.

La luna de miel fue en la Europa de posguerra; con demasiadas ruinas nuevas entre las que, empecinadas por la tradición de viejas estirpes, reverdecían margaritas y esperanzas.

- Estábamos ahí, tomados de las manos, viendo espantados en un atardecer de otoño lo que quedaba de aquella calle destruida por las bombas y combates con tanques. De repente su mano se puso fría y me abrazó llorando. Mucho tiempo después volvió a abrazarme así, tres veces: La primera fue por una bomba que estalló cerca de donde tuvimos nuestro primer hogar, no podía creer que estallaran bombas en Buenos Aires. La segunda cuando estuvimos a punto de entrar en guerra con Chile y el menor de nuestros hijos, que hacía la conscripción como médico, fue movilizado a la cordillera. La tercera fue cuando Malvinas, nuestro ahijado peleó en Tumbledown y volvió condecorado con un plomo inglés incrustado en el hombro.

De aquel largo viaje de enamorados, iniciático en todos los sentidos y nunca superado por ninguno de otros muchos viajes, trajeron un curioso souvenir del paso por Carrara.

- Yo le preguntaba: “¿Para qué querés ese cascote?”, y ella decía que Miguel Ángel hubiera podido usarlo. “Sí, pero no lo usó”, respondía yo.

Y Tigre Mc Laren tuvo el extraño privilegio.

- La única condición es que no use herramientas modernas. Todo debe ser tallado a pulso. ¿Puede usted hacerlo Sr. Mc Laren?
- Puedo intentarlo.

Desde que le fue encomendado ese trozo de mármol ha soñado recurrentemente con el gran Michelángelo. Un buen truco de la mente queriendo escapar a la extenuación de renunciar a su tiempo y dar contornos a la materia frágil igual que en siglos pasados. Trabajar sin margen para el mínimo error, obligarse a la perfección, es empresa que devora energías y las renueva en pasión. ¿Qué mayor tranquilidad que el maestro de maestros diciéndole que lo lleva bien? La obsesión del escultor reduce el universo al espíritu de la piedra. En sus sueños, el genio que de crío fue amamantado por la esposa de un picapedrero alzaba en sus manos el mármol y le mostraba secretos y trampas en el lado por el cual comenzó Tigre a liberar las formas del bello rostro.

- ¿Qué nombre le pondrás? –preguntó Michelángelo en uno de los últimos sueños.
- El nombre de ella, claro.
- No. No el nombre que le fue impuesto. ¿Con qué nombre la recordarás tú?
- ¿Yo?
- Sí. Dime Tigre: ¿Quién es a quien van tallando tu corazón y tus manos?

Tigre, despertando violentamente se sentó en el borde de la cama. Cinco de la tarde que no eran fin de siesta, apenas dormir desde que cayó rendido, y las historias de amor se cruzan, entrelazan y parten. Se aproximó al mármol descalzo y cauteloso, compelido a cerciorarse de estar tallando a la mujer correcta. Así era, y como si hiciera falta respiró aliviado al buscar la confirmación en las fotos. La duda, aunque somnolienta, bastaba para demostrar el fracaso de querer olvidar.

- Sólo es “La esfinge amada”, Maestro, y así voy a llamarla sin importar como la llamen los demás.

Y ahora, en tanto Nora lo engatuza en tangos con la ilusión de un mañana sin melancolía, se inventa el valor de darse otra oportunidad.

Resta el tan temido último toque, aquel que lo dejará otra vez en soledad. La siniestra en el cincel, la otra en el martillo, y esa lágrima en el mármol.

- Es perfecta -reconoce al verla terminada.

Justo antes de decirse:

- Se fue Tigre, ella también se fue de tus manos.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López

jueves 2 de julio de 2009

EL AMOR EN TIEMPOS DE PANDEMIA



Alguna vez, asma mediante, estuve internado con mascarilla de oxígeno y la incertidumbre del mañana. Hoy, hace un rato, la realidad que nos toca compartir me traía saturado de paranoias. Aunque tratemos de tomarlo con responsabilidad y calma, en el regreso a casa cualquier estornudo levanta sospechas ante los ojos del tren. Ya no hay actividad en los colegios ni en los clubes, en la era del barbijo nuestro modo de vida habitual se encuentra bajo ataque y entonces es menester refugiarse más allá de las paredes en aquellas cosas que le dan sentido a todo. Así que al cerrar la puerta tras de mí, abracé a la mujer de la que vivo enamorado y cantándole al oído con ritmo de vals bailamos... Que al fin y al cabo la vida es hoy.



GENE & CYD

(Un vals para mi amor)


Hablan tus labios sin hablar,
muerdo los míos por callar,
pero mi mente grita más,
y aunque soy yo dejo de ser
yendo en recuerdos para ver
correr las cintas otra vez.

Con la torpeza de mi pies,
seré Gene Kelly en tu reír,
y vos serás mi Cyd Charisse
al contraluz del ventanal
bailando sólo porque sí
en la conciencia de soñar.

Bailar descalzos sobre el mar…
La música en el corazón,
tan simple es la felicidad
no sé qué quieren inventar
cuando cuestionan al amor
y lo complican por demás.

El tiempo pasa alrededor
nunca para nosotros dos,
somos las flores de Pink Floyd,
pasión de Tango sin dolor,
y en la alegría de girar
hasta mis pies pueden bailar.

Seré Gene Kelly en tu reír,
y vos serás mi Cyd Charisse,
bailando sólo porque sí,
porque Gene y porque Cyd.



Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
http://www.plumaderecha.blogspot.com
Estado Libre Asociado de Vicente López.
(Vicente López se escribe sin "K")

miércoles 1 de julio de 2009

EL DILEMA HONDURAS




Tan contundente ha sido la respuesta de la ONU y la OEA frente a la crisis política de Honduras que no puedo resistir la tentación de preguntarme si aquello que ha generado un consenso cerrado y evidente por parte de la comunidad internacional, es decir que la defensa de la democracia pasa por la restitución al cargo del -destituido por el Congreso- Presidente Manuel Zelaya, realmente sea lo que parece ser. Y esto por estar prevenido que en el ánimo de los teóricos marxistas siempre está presente la idea de ahorcar a los burgueses con las sogas que los propios burgueses venden, vale decir, ahogar a las democracias apropiándose del discurso democrático y desvirtuando las herramientas propias de la democracia. Venezuela es un claro ejemplo de ello.

Por cierto, no puede tomarse muy seriamente a la OEA. Nadie lo hace. El rápido pronunciamiento contra el Congreso y la Corte Suprema de Justicia de Honduras contrasta con la marcada tolerancia frente a la perpetuación de la dictadura comunista en Cuba. Recientemente el castrismo, por aquello de que es “una cosa tan fea la OEA”, se ha dado el gusto de ver al patético organismo regional irle al pie para mojarle la oreja al rechazar de plano su integración al mismo.

Tampoco puede indicar el rumbo acorde con la corrección la postura de Estados Unidos, cuya política exterior se caracteriza por el desacierto permanente y no querer entender lo que sucede en la región.

Uno de los males que afecta al desarrollo democrático en los países latinoamericanos es la tendencia al caudillismo y la obsesión de los mandatarios por acceder a reelecciones indefinidas; ya sean de izquierda como Chávez o de derecha como Uribe las ambiciones personalistas debilitan el afianzamiento de los sistemas democráticos donde la alternancia en el poder contribuye a la vitalidad del espíritu republicano. En los afanes reeleccionistas se consumen energías que deberían volcarse a la gestión, porque es dando prioridad a la resolución concreta de los muchos problemas que afectan a la calidad de vida de nuestros países, y creando consensos para la continuidad de políticas de Estado como se fortalece la democracia. Uruguay, como Chile, son países donde esto parece estar claro.

Fue esa necesidad egocéntrica de atornillar el traste al sillón presidencial la que desató el conflicto de poderes en Honduras. Esa tozudez del Presidente Zelaya al querer forzar los limites constitucionales y confrontar con las decisiones de la Corte Suprema de Justicia no puede ser obviada a la hora de decidir que pasos dar en apoyo de la democracia. La reacción de la ONU ha sido tan apurada como superficial, y por ver el árbol, que viene a ser Zelaya, no se ve el bosque, que es el complejo de las instituciones que conforman la realidad constitucional en el país de José Cecilio Del Valle.

No creo que Hugo Chávez, ni Raúl Castro, ni Evo Morales, ni Rafael Correa, ni Daniel Ortega, quieran democracia en Honduras, sería estúpidamente ingenuo suponer que estos populistas de la retrógrada ola izquierdista, a la que pretendía integrarse Zelaya, tengan por meta consolidar republicas. Y el colmo de la estupidez sería generar un clima hostil contra la pequeña Honduras que sirva de guiño para que el demagogo venezolano cumpla su bravata de intervención militar.

Alguna vez el Dr. Raúl Alfonsín dijo que los problemas de la democracia se resuelven con más democracia, y esa debe ser la premisa con la cual atender a la crisis de Honduras. La ONU, antes que bregar por restituir a Zelaya, debería contribuir para que las elecciones de Noviembre se lleven a cabo con la mayor tranquilidad posible, sin proscripciones y con transparencia, de modo que sean los propios hondureños quienes resuelvan la encrucijada al decidir su destino.

Civilización o barbarie, esa sigue siendo la cuestión.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
http://www.plumaderecha.blogspot.com
Estado Libre Asociado de Vicente López.

domingo 28 de junio de 2009

DEBER CIVICO




He cumplido con mi deber cívico, como siempre desde que cumplí los 18 años, en el mismo colegio y con las mismas esperanzas. En días de elecciones me siento particularmente feliz.


domingo 14 de junio de 2009

14 de Junio, día de las convicciones patrias.


Esta entrada está dedicada a la memoria del periodista y patriota argentino Manfred Schonfeld.



El 14 de Junio podría quedar estanco en la tristeza de la derrota y convertirse en una mera fecha de lamentaciones, lo cual sería muy del agrado de aquellos que no parecen encontrar otro sentido a la vida que regar lágrimas -falsas las más de las veces- y no hacer nada.

Prefiero ser de los que eligen otra opción y ver esta fecha como el día de las convicciones, un día para preguntarnos: ¿Qué tanto estamos dispuestos a dar por nuestro país? ¿Tenemos la entereza de vivir como pensamos?.

Son preguntas de apariencia simple, pero de compleja práctica. Es fácil arengar y sentirse acompañado desde la victoria, las derrotas en cambio son un desafío al temple.

Si el despliegue de tecnología bélica lanzado durante la Guerra del Golfo dejó en evidencia que la aspiración de volver a intentar Malvinas por la vía armada -dada la insalvable brecha existente entre nuestras capacidades y las del enemigo- está hoy abismalmente mucho más lejos de la realidad que en 1982, también sirve para revalorizar el esfuerzo enorme de nuestros combatientes.

Sin una clara conducción estratégica, las tropas argentinas en una guerra corta y furiosa hundieron barcos, derribaron aviones y combatieron cuerpo a cuerpo.

Los mezquinos de miras cortas podrán buscar, encontrar, y mostrar, mucha mierda para seguir desmalvinizando el espíritu de un pueblo agobiado por las penurias del día a día, pero nunca van a lograr eclipsar el coraje de los que tuvieron su hora con la Patria y poniéndole el pecho a todas las adversidades enfrentaron al invasor allí donde las palabras se traducen en hechos. Podría listar el nombre de los muertos, y sería en esencia la enumeración de virtudes que requiere nuestra sociedad para salir adelante: valor, abnegación, camaradería, sacrificio, disciplina, solidaridad, etc, etc, etc, y Libertad. Sí, digo Libertad. Porque incluso en la guerra, o mejor dicho, sobre todo en la guerra, hay un punto en el que el hombre elige ser lo que debe ser o no ser nada, y los nuestros, por notoria y abrumadora mayoría eligieron ser lo que debían ser.

Desde los correntinos del doce que cavaron trincheras con los cascos, pasando por los pilotos que surfearon las olas para atacar a la flota, hasta los bravos del quinto de marina que combatiendo hasta después del final lograron replegarse ordenadamente con las armas al hombro, todos sin excepción intentaron lo imposible. Es cierto e innegable que perdimos la guerra, aún así hay que reconocerle a los combatientes argentinos el mérito monumental de haber salvado el honor.

No es poca cosa el honor, y acaso -que hermosa es la palabra "acaso"- acaso digo, lo sea todo.

Algunos hablan de "derrota" con una estrechez mental que confina a quedarse vencidos por siempre, -al fin de cuentas piensa el cobarde que el encierro es un lugar seguro- desde luego no digo que haya que "festejar" el 14 de Junio, pero vale tenerlo bien marcado en el almanaque como un llamado imperioso a superar nuestras propias limitaciones. El generoso y desinteresado patriotismo de quienes combatieron en Malvinas debe ser una motivación para afrontar el presente, ya desde lo social como desde lo personal ¿qué son nuestros problemas comparados con la circunstancia en la que ellos se vieron inmersos?. Poca cosa, realmente poca cosa. Tratando de arrimarnos apenas un poquito al alma de quienes combatieron en Malvinas podemos hacer un país muchísimo mejor.

Pensar Malvinas es mirar el futuro, ahora ¿querés pensar como se vive o querés vivir como pensás? ¿Tenés lo que hay que tener? ¿Lo tienes...?


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López.


lunes 1 de junio de 2009

Unitario y salvaje!



No hay motivo, simplemente surgió sentarse y escribir. No digo que haya sido porque sí, ni porque no.

Puedo suponer que acaso por soñarme el payador de Lavalle, que en 1840 -según cuenta el vals de Enrique Maciel y Héctor Pedro Blomberg- se llevó consigo a la pulpera de Santa Lucía para tristeza de los mazorqueros, o porque igual que a Armando Villador me hubiera gustado ver a Carlos Gardel "alentar con tus triunfos, las fuerzas de Lavalle que vibran al conjuro de tu hermosa guitarra", o sencillamente porque tengo corazón unitario (uno de los pocos unitarios confesos de la República Argentina, y conste que la mayoría lo es de hecho pero no lo dice).

Hoy sin capricho de efemérides me levanté tarareando en un rango de tango cercano a la milonga, y con algún aire campero, unas cuantas palabras alrededor del nombre admirado. Jorge Luis Borges pudo cantar lo que se cifra en en el nombre -alguna vez dejado caer- de Jacinto Chiclana, asegurando que "nadie habrá habido como él en el amor y en la guerra", permitánme traer en esta letra lo que evidencian los hechos confirmados de un nombre que reconocidamente proclama valentía y patriotismo: Juan Galo Lavalle.



UNITARIO Y SALVAJE!


Capitán de valientes,
bravura en la sangre
y la furia en tu espada.
León de Riobamba
por la gloria y la Patria
esa épica carga
de porteña arrogancia
es tu hora de bronce.

Pero eliges ser hombre;
carne de batalla
en sudor de mujeres,
pecho de pasiones,
no rostro de medalla
ni héroe, ni prócer:
Alma de amaneceres,
uno, entre millones.

"Espada sin cabeza"
osaron juzgarte,
por tu poncho celeste
con sombra de muerte.
Tus yerros, tus aciertos,
hacían la historia;
cuando es "aquí y ahora"
hay final abierto.

General Juan Lavalle,
Señor del coraje:
¡Unitario y salvaje
me siento al cantarte!


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
http://www.plumaderecha.blogspot.com
Estado Libre Asociado de Vicente López

jueves 7 de mayo de 2009

ANTARTIDA: ¿La Tierra del Nunca Jamás?



Haciendo memoria creo, honesta aunque borrosamente, que mi primer impresión respecto a la Antártida, al ver en los mapas el sector reclamado por la República Argentina, se emparentaba con la visión de alguna porción de pizza que sobreviviendo a la cena quedaba en la soledad de la caja aguardando el desayuno. No era, por cierto, una visión muy romántica; pero admitamos que la de muzzarela en el café con leche tiene su encanto.



Lo que si recuerdo muy bien es haber sentido el aura de aventura en los preparativos previos a la zarpada del Rompehielos ARA General San Martín. El Tío Manuel, que era oceanógrafo y embarcaba para la campaña antártica, me llevó a recorrer el buque. Todo aquello me parecía sorprendente, porque en cada cosa que el tío describía explicando el uso detallaba la justificación para que ese y no otro elemento estuviera ahí. Me di cuenta que la Antártida era una especie de nuevo mundo con reglas distintas a las que yo conocía, y que atreverse a ella significaba asumir riesgos. Entendí también que se necesitaba valor e inteligencia para avanzar sobre su geografía.



Vi aquel barco fantástico, de casco rojo y sobrecubierta blanca, alejarse de la dársena del puerto de Buenos Aires entre sirenas que daban ritmo a las emotivas manos alzadas con que deseaban buen viaje, y mejor retorno, los seres queridos. Cuánto más se alejaba más crecía mi curiosidad por saber de aquella tierra helada al extremo sur del planeta.

 
Años luego mi abuelo paterno compró un libro maravilloso y de título perfecto: "Los Intrépidos" (Aventura y Triunfo de los Grandes Exploradores), publicado por Selecciones del Readers Digest. Podía pasar horas absorto en ese libro, leyendo sin cansancio una y otra vez en el Capítulo 8 lo referente a los polos, siempre imaginando cosas distintas al buscar en cada palabra desmenuzar el detalle de las heroicas epopeyas por conquistar los confines del mundo.


 
Pura adrenalina de bríos y obstinación salpicaba desde cada renglón relatando la dura carrera al Polo Sur que el noruego Roald Amundsen le ganó al inglés Robert Scott. El dramático final de la expedición de Scott le deja a la historia las preguntas que hacen a la propia existencia del ser humano; pero que acaso no sean las preguntas de este tiempo donde el sacrificio por la gloria y el honor no parecen conmover a casi nadie. 


Hoy que el afán de fama vacía de méritos parece ser un valor en sí mismo, cuesta interpretar el empecinado tesón de hombres que, capaces de asumir la representación de la humanidad, en pos de alcanzar nuevos horizontes se atrevieron a internarse en lo desconocido. Pensar en ellos es pensar en héroes, en el espíritu que entre nosotros supo encarnar el Ingeniero Jorge Newbery, y que pese a la imbecilidad reinante afortunadamente no ha desaparecido por completo; sigue fresca en la memoria la Expedición Atlantis de 1984 comandada por el Dr. Alfredo Barragán, señal que el hombre todavía puede.


En la secundaria pasé una época en que frecuentaba la Dirección Nacional del Antártico y acumulé buena cantidad de libros con los que alimentar el orgullo de buen lector. Me interesaban mucho los textos de geopolítica, aunque todos -sin excepción- en algún punto parecían caer en el ridículo, como si se estuviera analizando la realidad desde películas de ciencia ficción al medir alcance de misiles intercontinentales o imaginar pueriles fórmulas para el reparto de la soberanía antártica. Quizá esa extraña sensación de Tierra del Nunca Jamás, que experimentaba con tales lecturas, causó el paradojal efecto de enfriarme el espíritu. 


Aquel Continente lejano se tornaba inalcanzable de muchas maneras, y en la necesidad práctica de resolver las situaciones de mi coyuntura la entusiasta curiosidad adolescente se fue apagando hasta quedar relegada al fondo de las prioridades. Es algo que ocurre cuando Peter pasa a ser el Sr. Pan, o lo que es peor aún: Dr. Pan.


En fin, evitemos decir algo que provoque la masiva mortandad de hadas. Lo último que me agitó los hielos fue, unos cuantos años atrás, aquella historia de los pingüinos de un metro setenta de alto, y también -aunque con otro sentir- el accidente que cobró dos vidas argentinas en la grieta del Glaciar Collins. Sí, la atracción por la Antártida sigue latiendo como una cuenta pendiente, y saldarla es algo más complicado que doblar en la segunda estrella a la derecha volando hasta el amanecer. 


Esta mezcolanza de pensamientos y sentires -expresados con algún desorden, admito- son consecuencia de repasar las fotos con que el amigo Francis Vidovi ha documentado su reciente experiencia antártica trabajando en la construcción de nuevas instalaciones para la Base Jubany.


Al regreso Francis tuvo la gentileza de narrar con detalle los pormenores del viaje, y debo decir que pocas veces he visto a mis hijos prestar tanta atención. Me pareció que sin necesidad de palabras estas imágenes capturadas por Francis -venezolano, hijo de padres italianos y hermano menor de dos argentinos- dan cuenta de la fascinación que despierta la Antártida, y también del orgullo de quien ha contribuido con su trabajo a uno de los esfuerzos permanentes del país en el que vive desde muy pequeño.  


Luego del desafortunado incendio que dejó fuera de servicio al Rompehielos ARA Almirante Irizar, la capacidad logística propia de la República Argentina para sostener la permanente presencia nacional en el Contintente Antártico descansa principalmente sobre la dotación de aviones Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina. El Hércules C-130 es un avión de carga que simboliza como pocos objetos la lealtad y la abnegación, pues al servicio del país desde 1968 estas unidades han estado presentes en los cielos antárticos ininterrumpidamente, y también en el suelo desde que el 11 de Abril de 1970 se produjo el primero de sus aterrizajes en la Base Marambio. Pero esta nave de gran porte, apodada cariñosamente "Chancha", no sólo puede lucir sus méritos antárticos, también se ha aventurado a las primeras líneas del combate cuando la Nación Argentina entró en guerra, así cayeron bajo fuego enemigo el TC-62 (28 de Agosto de 1975 en Tucumán, mediante atentado perpetrado por Montoneros) y el TC-63 (01 de Junio de 1982 en Malvinas, derribado por un Sea Harrier británico). 


La historia demuestra la vocación antártica de la República Argentina, acreditando hechos que fundan la legítima aspiración de lograr el reconocimiento de soberanía sobre una porción de la Antártida. La pretensión se encuentra enmarcada dentro del Tratado Antártico, que en términos pragmáticos de política internacional tiende postergar indefinidamente cualquier nacionalización de territorio. 

Por lo tanto el futuro de la Antártida es un interrogante abierto. Lógicamente el objetivo de máxima de la política exterior argentina en esta materia es lograr el reconocimiento pleno de la soberanía sobre el sector reclamado, sin embargo la realidad de los intereses en juego habilita la contemplación de metas menos rígidas pero igual de ambiciosas, donde, en todo caso, sí tenga la República un efectivo poder de decisión sobre el destino del Continente. 

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López.



 

























viernes 24 de abril de 2009

CHE, EL MUSICAL ARGENTINO: PRIMAVERA PARA EL FHÜRER



CHE, EL MUSICAL ARGENTINO: 
Como  PRIMAVERA PARA HITLER, pero sin gracia. 


El miércoles 22 de Abril fui invitado a ver la función de Che, el musical argentino. Para entonces ya conocía las críticas que publicaron tanto Clarín como La Nación, coincidentes en algún punto y decididamente opuestas en otros. Entre la repulsa ideológica y el afecto por algunas de las personas que participan del proyecto, decidí satisfacer la curiosidad aceptando el convite. 

El talentoso Mel Brooks dejó muy en claro con “Los Productores” que no hay fórmulas que garanticen el éxito o el fracaso en el mundo del espectáculo. Y seguramente, del mismo modo que con la imagen de Guevara se vende el marketing del inconformismo, habrá público que compre su boleto para ver la puesta en escena de este fallido musical cuyo defecto inicial es la chatura del guión; panfletario hasta el aburrimiento. 

Propio de un Billiken cubano, sólo apto para reforzar la visión de la historia con que adoctrinaría el Manual del Buen Alumno Castrista, el libro escrito por Oscar Laiguera y Oscar Mangione cierra el abanico de las chances artísticas optando por una narración ingenua que no explota ninguna de las aristas polémicas del personaje. 

Un musical sobre el Che debería tener la audacia de poner mugre buscando la sangre para agitar las aguas de la controversia; prefirieron en cambio adosarle alitas de ángel, moderarlo y despojarlo así de la cosa visceral que hace a la pasión. Aunque se repita en parte de la obra que “la moderación es la más execrable de las virtudes”, apenas si asoma la nariz del monstruo cuando en la lectura de cartas se describe Guevara como todo lo contrario de Cristo, pero es apenas un instante de tufillo a roña, un amague de rebeldía, porque enseguida vuelve a la senda del santo que se encamina al martirio con… resignación cristiana y disciplina marxista. 

El peor momento del guión es la triste claudicación del pretendido "musical argentino" ante la influencia del musical inglés Evita, introduciendo a cuento de nada, por mero efecto espejo, un imaginario diálogo entre Eva Duarte de Perón y Ernesto Guevara. Resulta una gringada difícil de digerir ese diálogo insustancial fuera de la cronología. Distinto hubiese sido imaginar un contrapunto entre Juan Domingo Perón en el exilio y Ernesto Guevara, que acaso sería entre el militar y el guerrillero, entre el político nacionalista y el aventurero apátrida, entre el que quiere construir y el que sólo pasa para destruir, entre el que va a morir de viejo y el que busca la muerte. 

Curiosamente, el mejor momento del guión lo encarna en escena el propio Oscar Mangione. Es cuando representando al paisano arraigado a la tierra, que orienta al aventurero en viaje, canta lo que bien podría ser una oda a la revolución conservadora del que día a día construye futuro cuidando sus raíces. Quizá sea esa la paradoja de la obra. Vale subrayar que Mangione canta muy bien, con una gran potencia expresiva, modulando agradablemente el amplio caudal de su voz para contagiar de sentimiento telúrico a la platea. 

Hecha la salvedad, no hay otra originalidad. La historia transcurre sobre los carriles de lo sabido: la infancia signada por el asma, la relación con su madre, el viaje en motocicleta, el acercamiento a los Castro, el triunfo de la campaña contra Batista y el fracaso de la expedición guerrillera en su invasión a Bolivia. Contabilizados cincuenta años de férrea dictadura comunista en Cuba poner en boca de Guevara la palabra libertad debería provocar cuando menos alguna sonrisa irónica, pero el texto es tan escolar que ni esa reacción genera. Como es harto previsible la obra finaliza con el Che, ya mitificado, arengando con la más vacía de sus frases: “Hasta la victoria, siempre”. 

El gusto a poco que deja el contenido de este musical hace que al pasar de la sala en el Centro Cultural Konex a la mesa del café la charla se desprende del personaje, de la ideología y de cualquier posibilidad de polémica. Entonces al primer sorbo tonificante extraído del pocillo comienza el repaso de las interpretaciones, apreciación entorpecida por la mala calidad del sonido, un fastidio que reiteradamente conspira contra el talento de los cantantes. En un musical donde las letras importan, el sonido debería estar planteado como bajorrelieve en el que la voz siempre sobresalga del acompañamiento musical, eso no ocurre en Che, el musical argentino, por lo que en distintos pasajes se pierde la voz aplastada por la irrupción de la orquesta, y si además se escuchan acoples o se producen oscilaciones de tipo técnico la falencia en la que incurre el diseño de Norberto Safe es doble: conceptual y técnica. 

Por otra parte la música de los dos oscares, Laiguera y Mangione, no ayuda mucho, en rigor de verdad no aporta nada. Lisa y llanamente puede ser calificada de intrascendente, no tiene pulso ni corazón. Con toda razón han coincidido en este punto crucial las críticas de Pablo Scholz en Clarín y de Federico Irazábal en La Nación. 

Scholz: “Desde la música, ejecutada en vivo por una orquesta que dirige Oscar Laiguera, coautor de Che, el musical argentino, no hay un leit motiv que se recuerde a la salida del Konex”. 

Irazábal: “Seguramente, ni las letras ni la música pasarán a la historia”. 

Conceptos absolutamente lapidarios. Pero si la música es intranscendente, al menos nunca cae en el ridículo, que no es el caso de la patética coreografía. La labor del coreógrafo Omar Saravia pareciera haberse empeñado en opacar hasta la anulación el lucimiento del cuerpo de baile, todo es elemental y acotado. Ni un momento destinado a poner la danza en la admiración del público, ni hablar de buscar la desmesura, tan mala es su labor que uno termina por preguntarse si realmente quiere que el proyecto salga adelante. El colmo se da en la apertura de la segunda parte -el receso del intermedio fue incorporado a partir de las críticas de Clarín y La Nación-, la muchedumbre avanza sobre el escenario con pasos y posturas que hacen pensar en “El regreso de los muertos vivos”, por lo que a cualquier espectador -incluso al más tanguero- le pasa por la cabeza la música de Thriller y el video de Michael Jackson

Sí me pareció bien diseñada la escenografía, que ofrecía posibilidades de un buen despliegue en la movilidad de los personajes, el ensamble y el cuerpo de baile. Del mismo modo, aunque no luce particularmente, considero bueno el vestuario, pese a que no me terminó de convencer la vestimenta de Marilí Machado en el rol de la madre de Guevara. Tanto la escenografía como el vestuario son responsabilidad de Sergio Massa, dentro del equipo técnico posiblemente lo mejor. La iluminación, de Manuel Garrido y Nicolás Trovato, aunque económica también merece aprobación.

Obviamente no alcanza la prolijidad de esos tres rubros para defender la opaca labor del Director Daniel Suárez Marzal. Queda la impresión que asume su cargo sin ejercerlo, como si el libro hubiese sido vomitado sobre el escenario y toda la guía fuera apenas una desentendida inercia que no naufraga en un mar de obstáculos por el braceo a puro corazón de los intérpretes.

Lo único valioso que rescata la mesa del café posterior al show son los intérpretes, más allá de alguna sobreactuación –cuya corrección correspondería al Director- todos demuestran condiciones y se esfuerzan manteniéndose por encima de la mediocridad de la puesta. Es entre ellos donde hay que poner los elogios, empezando por Alejandro Paker, quien carga en hombros con la mayor parte del peso en la larga extensión de la obra. Si Paker (o Germán Barceló) no logra mayor conexión con el espectador es porque desde el libro se ha elegido que represente una remera que canta y el Director le pasó la plancha.

La tarea de Marilí Machado es de una abnegación impresionante. Si contra alguien conspira el diseño de sonido es precisamente contra esta gran intérprete del Tango, quien sin mostrar desánimo levanta igual, contra viento y marea, el papel de Celia hasta constituirse en uno de los soportes de la obra. En mi opinión el Director no le ha dado el cuidado que merece, y eso es imperdonable. 

Impecable resulta la participación de Brian Cazeneuve como el niño Ernesto Guevara. Una de las pocas veces en que el sonido dejó a la voz en el lugar limpio y principal. No sería extraño que logre algún premio revelación, ya que con su afinación y entusiasmo logró cruzar el opresivo y constante cerco del Director a los artistas.

La otra sorpresa agradable es Lucila Juárez, quien interpretando el papel de Aleida March impone presencia sobre el escenario sumando a sus condiciones vocales un histrionismo de interesante tensión dramática. También representa el rol de Musa de la Juventud, pero en esa parte debió batallar contra el pésimo sonido.

Además del ya citado Oscar Mangione (Paisano) muestran solvencia en sus roles Marisol Otero (Musa de la Niñez y Musa de la Revolución), Sabrina Tassara (Musa de la Inmortalidad) y Ezequiel Salman (Alberto Granado).

La que sería la frutilla del postre, si esta obra amarga pudiera catalogarse de postre, es sin lugar a dudas Roxana Carabajal en el papel de Julia Cortés, una voz exquisita que imprime algo de emoción a un final del todo previsible.

Con todo, Che, el musical argentino podría salvarse mediante un pequeño pero vital giro dramático en el final. Cuando el más simpático y deseado de los personajes, es decir Gary Prado, pregunta al derrotado invasor si tiene alguna última voluntad antes de ser fusilado, sería brillante que el Che respondiera enardecido: 

  • ¡Sí! Sí tengo una petición, le ruego que antes de ejecutarme a mí, me hagan el bendito favor de ajusticiar al horrible Director de esta obra, entonces, entonces como el valiente Cabral… yo también moriré contento. 

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
Estado Libre Asociado de Vicente López


FICHA TÉCNICA

“CHE, EL MUSICAL ARGENTINO”

Música y Libro: Oscar Laiguera y Oscar Mangione
Dirección y Puesta en escena: Daniel Suárez Marzal
Coreografía: Omar Saravia
Escenografía y Vestuario: Sergio Massa
Iluminación: Manuel Garrido y Nicolás Trovato
Dirección Musical: Oscar Laiguera

Protagonistas
Alejandro Paker, Germán Barceló, Marisol Otero, Marilí Machado y la participación de Roxana Carabajal.

Ensamble
Brian Cazeneuve, Diana Cano, Sabrina Tassara, Alejandro Zanga, Christian Alladio, Ezequiel Salman, Facundo Abraham, Florencia Benítez, Georgina Tassara, Hernán Botto, Jorge de Brun, Judith Cabral, Lucila Juárez, Marcelo Penco, Marco Di Mónaco, María del Pilar Cisternas, María Eugenia Prado Conti, María Inés Portela, Mariela Gianico, Martín Juan Selle, Nicolás Carrión, Nicolás Chaied, Pablo Toyos, Patricia Gogna, Sandra Peralta, Tamara Koren, Walter Aón.

Bailarines
Diego Franco, Marcelo Torus, Ángel Gómez, Paula Budnik, Mariela Morassut, Nicolás Godoy, María Florencia Repetto, Andrea Grassi.

Más información en www.che-elmusicalargentino.com